SONETO de Francesco Petrarca

Soneto CCCXXXVI

Pongo en mente, si no estaba ya en ella,
aquella que aun ni el río Leteo olvida,
como una vez la vi en su edad florida,
prendida por los rayos de su estrella.

Tan pura en mi delirio está y tan bella
la veo así, tan sola y recogida,
que grito: «¡Es ella y es aún con vida!»
y pido que haga oído a mi querella.

Y o calla o dice a veces cosas suaves.
Y yo, como el que erró, y después lo estima,
digo a la mente mía: «¿Qué te excita?:

en mil trescientos cuarenta y ocho sabes
que el día sexto de abril, a la hora prima,
del cuerpo partió aquella alma bendita».

Francesco Petrarca

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